Percepción

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Esta mañana, aprovechando que hace un buen día y que tengo la suerte de vivir junto al mar, decidí bajar a la playa a darme un baño y poco más, ya que no aguanto mucho a estas horas.

El agua estaba fenomenal, la playa desierta (lo cual es excelente) y hacía calor. Estas sensaciones las pude percibir mediante la piel, ojos, nariz…
Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, (como se suele decir)… Escribiré algo sobre la «percepción».

Percepción, según la Wikipedia es la función psíquica que permite al organismo, a través de los sentidos, recibir, elaborar e interpretar la información proveniente de su entorno.

Existe percepción visual, espacial, olfativa, auditiva, quinestésica (de los movimientos), háptica (que combina los sentidos de la piel, de los músculos y tendones) y gustativa.

Me referiré a aquellas que tienen una mayor incidencia en el proceso creativo de la pintura, aunque no me atrevería a descartar ninguna en redondo porque pueden tener alguna influencia, aunque sea de manera incidental.

Puestos a clasificar (¡Los humanos tenemos que clasificarlo todo!), diría que la percepción visual y la espacial ocupan el primer y segundo lugar respectivamente, dejando la auditiva, la olfativa y gustativa, a continuación, como elementos que pueden acompañar e influir, en ocasiones poderosamente, el acto de creación.

Si nos atenemos al proceso pictórico, la percepción visual adquiere una importancia extrema y determinante, tan determinante como para identificar de una manera total una obra, una trayectoria, llevando al espectador a identificar a los artistas por esa percepción exclusiva y posiblemente única de los objetos representados.

Como he leído en algún libro, primero la percepción, después la expresión.

Evidentemente “no todo es bello”, pero todo tiene cualidades de belleza.

Y en este punto aparece el artista, buscando ese punto de belleza que en la mayoría de las ocasiones y a la mayoría de la gente le ha pasado desapercibido, no ha sido percibido, no ha sido considerado como elemente digno de ser observado -que no mirado- . Y el artista, con sus pinceles, alarga la mano, lo pule, lo modifica, lo recicla y lo sitúa de nuevo en el mundo, al alcance de todos para su deleite.

playa de Vinarós
Playa de Virarós

[ Acuarela sobre papel – 35 x 27 ]

El artista ha de entrenar al ojo para ver, y eso, como todo, requiere tiempo, disciplina, ayuda y trabajo y más trabajo. Poco a poco, el aprendiz de artista va descubriendo el objeto, lo abstrae de su entorno y comienza el proceso: lo miramos, lo volvemos a mirar una y otra vez.

Dejamos que pase el tiempo (requisito indispensable) y lo volvemos a mirar descubriendo algo nuevo. Trabajamos en un paisaje, en un retrato y donde antes ya habíamos echado el freno dándolo por finalizado, ahora descubrimos que quedan cosas por hacer y que somos capaces de continuar.

Nos asombramos de nosotros mismos. Poco a poco esa miopía artística va remitiendo (lástima que la física vaya en dirección contraria) y podemos seguir trabajando el lienzo. Alucinante.

A veces o a menudo, cuando enseñamos nuestra obra confrontándola con el original, nos dicen: te sobra esto o te falta aquello, deberías hacer esto de otra manera y yo les respondo que no puedo porque no “lo veo” y si no lo veo ¿cómo voy a poder representarlo o plasmarlo?

Así se queda hasta que lo perciba de otra manera.

Por eso, siempre me admiro cuando veo artistas (con toda la palabra) que transforman lo banal, lo insulso, en algo digno de ser mirado, de ser tenido en cuenta. En esos momentos la naturaleza, el género humano está en deuda con el artífice.

Para que luego digan que el arte no es importante.

Un consejo para todos y en especial para mí mismo:

«el buen trabajo es sólo cuestión de tiempo».

Os dejo un enlace que merece la pena ser visitado, disfrutaréis y aprenderéis, titulado Pintar a la acuarela.

Un saludo a todos.

Antonio.

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